martes, 18 de mayo de 2010

La Desaparición Forzada de Diego Fernández de Cevallos

Es cabal señalar que cualquier desaparición forzada es algo que en ningún país debería darse. Es lamentable, sin embargo, que se requiera que un crimen de esta naturaleza le ocurra a un personaje nacional para que los mexicanos nos solidarizemos para exigir que estos actos sean castigados.
Me da pena ver como se volcan miles, decenas de miles de personas en Facebook y en Twitter a favor de un político como Diego Fernández de Cevallos, quien pese a haber participado en momentos históricos de la transición democrática, también estuvo involucrado en hechos turbios o cuestionables.
Es solamente en estos sucesos que sale a la luz pública y a flote la ineficiencia, la ignorancia, la manipulación, el enredo y mediocridad de las autoridades en sus investigaciones policiales.
Da vergüenza ver a decenas de policías revoloteando los campos y colinas cercanos al rancho del Jefe Diego, en lugar de enfocarse a un trabajo de investigación serio.
Simplemente, llama la atención que no hayan interrogado al velador del rancho del líder panista y ex senador.
El velador, por ejemplo, ha dicho ha varios medios de comunicación que vio llegar la camioneta del "patrón", pero que fue hasta el día siguiente en horas de la mañana cuando se percató de que el Jefe Diego no había pisado el interior de la casa. Además agrega ante las cámaras, que cuando él y otros empleados del rancho salieron a ver la camioneta, encontraron un charco de sangre.
Pues me resulta extremadamente diferente un "charco de sangre" que manchas de sangre en unas tijeras.
Ahora, supongamos que lo que dicen todos los medios y autoridades desde el principio es cierto de que hay signos de violencia, pues entonces es más congruente un charco de sangre que unas manchas.
Pero es más coherente todavía pensar que el velador vio más de lo que ha dicho, porque si dice que vio llegar la camioneta, entonces por fuerza tuvo que ver que no entró hacia la casa y que alguien le hizo el alto u obligó a pararse, y que le abrieron la puerta y forcejearon.
Obviamente, tuvo que haber gritos, portazos y otros sonidos propios de la violencia, y, entonces, porque el velador no ha sido interrogado, al igual que el resto de los empleados. Se me hace imposible pensar que no hayan visto ni oído nada.
Ahora, cómo será posible que el velador afirme que vio llegar al patrón, es decir, cómo es que puede asegurar que era él y no nadie más. Con mayor razón tendríamos que llegar a la conclusión que vio mucho más de lo que acepta haber visto.
Pero él no tiene la culpa por no hablar, sino la policía presuntamente investigadora es la que tiene toda la responsabilidad, ya que después de tres días como que ni se la ocurrido.
Bueno, ahora hablemos de líneas de investigación, lo que me lleva a llamarme la atención el enorme parecido del hermano del Jefe Diego, Miguel, con el ex senador.
Si yo fuera investigador, el hermano tendría que ser sujeto de investigación. No me malentiendan. No estoy diciendo que lo pondría en la lista de sospechosos, pero por lo menos si tendría una mínima curiosidad por saber a qué en realidad se dedica y explorar la posibilidad de que quizá fue un caso de identidades confundidas, más aún en la noche.
Por otro lado, está la enorme posibilidad que sea un crimen de Estado. Allí no puedo culpar a la deficiente policía mexicana por no abordar esta alternativa investigadora.
Pero lo que sí debería tomarse en cuenta con seriedad es que robo no fue. Secuestro tampoco. Venganza del crimen organizado, menos. Nos queda la única otra sospecha y ésta para mí es clara: Don Diego fue sacrificado políticamente.
Lo que quiero decir es que el gobierno pudo haber planeado su asesinato con fines políticos. Podría ser para tratar de justificar su guerra contra el crimen organizado, el cual ha sido un enorme fracaso con costos altos de vidas inocentes.
De hecho, yo escuché por allí decir que altos mandos del Ejército buscarían acusar al Presidente Felipe Calderón de genocidio e injustificables daños colaterales, a raís de su declaración de guerra contra el narcotráfico.
Igualmente, el otro día leí en La Jornada el primer inidicio de que el asesinato fue cometido por el mismo gobierno panista para echarle la culpa a otros. Gustavo Madero, senador del PAN, señaló: "se trata de un secuestro que intenta violentar la democracia en México".
Como ya dije, el crimen organizado, y lo sabemos todos, cuando ataca lo hace de forma llamativa y dejando huella inconfundible de que fue él quien atacó. Normalmente dejan mensajes y si no ejecutan de varios tiras, incluyendo el típico tiro de gracia.
Los secuestradores inmediatamente se comunican con los familiares para pedir dineros, por lo que también es ridículo que la familia Fernández de Cevallos haga un llamado para negociar la liberación de su ser querido.
Y digamos que fuera cierto que lo tuvieran secuestrado, los criminales no serían lo suficientemente estúpidos para arriesgarse a ser detectados, sabiendo que las autoridades locales, estatales y federales han desplegado un enorme aparato de búsqueda por todos los medios habidos y por haber. ¡Caray!, si hasta imágenes de un avión de tecnología de punta nos mostraron a todos los mexicanos en todos los medios de comunicación.
Lo cierto es que este parece ser otro crimen más que jamás será esclarecido, pero el cual, en mi opinión, sus objetivos serán superficiados poco a poco.
Sólo tenemos que estar atentos a las declaraciones y señales para darnos cuenta con qué fin fue desaparecido el famoso político panista, quien también tiene mala reputación por haber defendido a narcotraficantes, entre otros actos dudosos o más bien turbios.

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